Había mucha
pobreza, las familias trataban de buscar alimento pese al inclemente frío
causado por el fuerte invierno que azotaba al pueblo aquel mes de febrero.
Un hombre, con sus botas rotas y su ropa desgastada por la cotidianidad, salió a trabajar con el mejor de los ánimos -como lo hacía diariamente-, a limpiar los zapatos de los
empresarios que laboraban en el centro de la ciudad, pero debido a la espesa
nevada que estaba cayendo desde el día anterior nadie se detenía a lustrar sus
zapatos. El hombre no pudo conseguir ni una sola moneda ese día, así que se fue
para no seguir sufriendo las bajas temperaturas.
Al llegar a
su casa, helado hasta los huesos, trata de calmar el tiritar de su cuerpo
sentándose sobre la estufa que posaba en la sala de su humilde y maltrecho hogar.
El frío iba mermando poco a poco, aún cuando la nieve podía caer a través de un
pequeño hueco que había en el techo de su casa.
Sin embargo,
la pobreza que vivía aquel hombre, no vencía a su fe, porque sabía que el día
de mañana le brindaría nuevas oportunidades, y él las aprovecharía al máximo. Actuar
y ver al mundo de manera positiva siempre traerá recompensas pese a todas las
adversidades.
